viernes, 10 de agosto de 2012


Top Five: mentiras que nos contó el cine

Un repaso por esas películas que se tomaron unas cuantas licencias creativas a la hora de basarse en "hechos reales"


Por Milagros Amondaray, La Nación


Ya sabemos que las biopics son cada vez más y, en muchos casos, cada vez más olvidables. Ya sea por falta de ideas o simplemente porque es atractivo poner en el centro de la escena a una figura reconocible, las películas basadas en sucesos reales se multiplican. Sin embargo, no siempre los guionistas reflejan los hechos con realismo. La pregunta sería: ¿para qué hacerlo? ¿Hasta qué punto importa? El montaje mismo ya es un proceso subjetivo, y quizás el mejor ejemplo de cómo, incluso en los documentales, siempre estamos ante una ficción. El sitio de Total Film elaboró un listado de películas que, en beneficio de la narración o por mera necesidad de impacto, dieron vuelta algunas circunstancias "verdaderas". A continuación, cinco exponentes de las mentiras de los guionistas:

*1. RED SOCIAL

 
En qué nos mintió Aaron Sorkin: no voy a empezar a desmenuzar la película de David Fincher porque en más de una oportunidad escribí sobre ella y lo vital que se convirtió para el cine contemporáneo. La licencia poética de Sorkin fue la de incluir al personaje de Erica Albright (Rooney Mara), la novia ficcional del fundador de Facebook Mark Zuckerberg, quien lo deja al comienzo de la historia. Gracias a ese hecho, el joven genio vuelve despechado a su habitación, arremete contra su ex en su blog, crea Facemash y el resto es historia. Los hechos reales, sin embargo, son otros.
Zuckerberg siempre tuvo la misma pareja, Priscilla Chan, con quien recientemente contrajo matrimonio . ¿La intención de Sorkin? Ulitizar a Albright como Macguffin para propulsar el relato. Brillante mentira piadosa. Brillante personaje femenino, no precisamente el fuerte del creador deThe Newsroom.

. FROST/NIXON

 
En qué nos mintió el guionista Peter Morgan: este sería un ejemplo de cómo añadir una circunstancia ficticia a un evento real (la sucesión de entrevistas entre David Frost y un Nixon que quería rehabilitar su imagen post-Watergate) puede ser beneficioso para una película. La genialidad de Morgan fue la de incluir una escena en la que Nixon, ante el inminente tiro de gracia de Frost, lo llama borracho y revela pensamientos que jamás se animaría a reconocer a posteriori. La actuación del enorme Frank Langella también colabora a que la creatividad del guionista haya podido ser funcional al relato y no estar en detrimento del mismo.

*3. PATCH ADAMS

 
En qué nos mintió Steve Oedekerk: Total Film incluye esta película en su lista por cómo, al alterar los hechos, terminó afectando la sensibilidad de la persona en la que están basados. El doctor Hunter "Patch" Adams es mostrado en el film como un amante del slapstick (y no del bueno) y como un ejecutor de monerías a la hora de pregonar su mensaje ("la risa es la mejor medicina").
Tampoco ayudó que Robin Williams no canalizara bien su histrionismo - mucho mejor explotado en su faceta de comediante stand-up, hay que decir - y su actuación haya resultado ridícula y superficial. El verdadero Adams reaccionó, tildó a la película de "mala" por cómo lo retrató gracioso y poco profesional. Su declaración resultó extraña porque antes se lo había visto en el set de filmación compartiendo jornadas con Williams, dándole el visto bueno al guión. ¿Habrá cambiado de opinión cuando fue al cine? No lo culpamos.

*4. UNA MENTE BRILLANTE

 
En qué nos mintió Akiva Goldsman: no necesariamente una mentira sino una forma de ilustrar el padecimiento del matemático (ganador del Nobel) John Nash, quien sufría de esquizofrenia paranoide. Goldsman (quien obtuvo el Oscar por su guión, lo cual podemos discutir, pero en otra nota) inventó el personaje de Charles Herman, el amigo de Nash interpretado por Paul Bettany, quien finalmente terminó siendo una de sus alucinaciones. Luego se confirmó que el matemático nunca, incluso en sus peores momentos, llegó a concebir a Herman en su cabeza y que Goldsman lo incluyó en el guión con un propósito efectista. ¿Se entendió la diferencia?

*5. ED WOOD

 
En qué nos mintieron Scott Alexander y Larry Karaszewski: otro caso de cómo una pequeña alteración en los hechos juega a favor de un film, en este caso, la gran película de Tim Burton . En la misma se nos muestra cómo Ed Wood conoce a Orson Welles . Sin embargo, ese encuentro nunca se produjo. Los guionistas decidieron incluir este acontecimiento ficticio como vehículo para mostrarnos el fanatismo del bizarro director por el creador de El ciudadano. Wood admiraba el control total que tenía Welles sobre sus películas, admiración que lo llevó a adquirir un dominio sobre las suyas, aunque con otras intenciones y, se sabe, con otros resultados.

Publicado en La Nación

martes, 3 de julio de 2012

EL HOLOCAUSTO ARMENIO

Domingo 22 de abril de 2012 - HISTORIAS DE VIDA

Guiragós Merzifounian: La última voz del Holocausto Armenio

Cuando el gobierno turco decidió limpiar de armenios su tierra, Guiragós Merzifounian tenía apenas cinco años. Casi toda su familia murió víctima de las deportaciones forzadas, obligada como tantos otros a atravesar a pie el desierto, sin comida y sin agua. A los 102 años, este vecino porteño, convertido en uno de los últimos sobrevivientes de la masacre que en 1915 se cobró1.500.000 vidas, mantiene viva la memoria de su pueblo.



Por Hernán Dobry  | Para LA NACION

Golpearon la puerta con violencia. Nadie respondió. Dentro de la casa, los Merzifounian sabían que su inevitable destino los acechaba, pero ninguno quería verle la cara. Era una tarde de abril de 1915, en Kayseri, en el centro de Turquía, cuando cuatro hombres armados ingresaron en la sala y los obligaron a empacar sus pertenencias para marcharse de la ciudad.

Ese mismo mes, el 24 de abril de 1915, el gobierno de los Jóvenes Turcos había decidido oficializar lo que ya se venía haciendo sin declaraciones: limpiar de armenios el territorio turco. Una decisión política implementada con tal brutalidad que las masacres, las deportaciones forzadas y las marchas de familias enteras por el desierto en condiciones extremas dejaron un saldo de un millón y medio de muertos, en lo que se conoce como el primer holocausto del siglo XX.

Los Merzifounian, comerciantes armenios, ya habían sentido el azote de esa tragedia colectiva: unos meses antes, se habían llevado a todos los hombres adultos de la familia a hacer trabajo esclavo para el gobierno de los Jóvenes Turcos. Nunca más volverían a verlos. Entre ellos, se encontraba el padre de Guiragós Merzifounian.

Por eso, seguramente, aquella tarde de abril de 1915, frente al pelotón que los apuntaba, el niño de tan sólo cinco años miró a los hombres armados y se aferró a su abuela pensando que era el final. No podía imaginar entonces que llegaría a cumplir 102 años en un lugar del que aún nunca había oído hablar, la Argentina. Y que él sería uno de los pocos sobrevivientes del genocidio de su pueblo que aún pueden contar lo ocurrido.

Se lo ve ansioso, con ganas de narrar su historia, tanto que empieza a hablar sin mediar ninguna pregunta. Cada recuerdo lo exalta y relata los hechos con tantos detalles que pareciera que todo hubiera ocurrido ayer. Se acomoda en el sillón del living de su casa en Villa Urquiza, rodeado de fotos de su familia, mientras su esposa, Meliné, de 89 años, también de familia armenia, le trae café y le pide que no se exalte demasiado.

Otra familia, en otra casa, hace tantísimos años, también intentó cuidarlo. Sus tías y abuelos juntaron todo lo que pudieron y lo colocaron sobre los caballos, para emprender el exilio forzado, una de esas marchas extenuantes por el desierto que fueron trampa mortal para miles de hombres, mujeres y niños. "Pusimos las frazadas dentro de las alfombras e hicimos cuatro paquetes y los cargamos sobre los animales. Yo iba en un bolsón sobre el caballo porque no podía caminar tanto", recuerda.

Durante horas, nadie les decía adónde los llevaban, hasta que cerca de la medianoche, les ordenaron que se detuvieran. Estaban en medio del desierto, extenuados, hambrientos y con frío. Les dijeron que esperaran allí. Pero no volvieron más. Cuando se dio cuenta de la trampa, desesperada, la abuela decidió salir en busca de ayuda. "¿Hay algún humano para ayudarnos?", preguntó la abuela, ya exhausta, tras una hora de caminata. "De la oscuridad profunda, surgieron cinco armenios", dice Guiragós en Villa Urquiza, pero el desierto de pronto parece estar tan cerca otra vez que los ojos se le llenan de lágrimas, como le pasa todavía cada vez que recuerda los peores momentos. Los hombres que respondieron al llamado eran armenios obligados a trabajar como esclavos en la construcción de las nuevas vías del ferrocarril hacia Alepo, Siria. Bajo su protección pasaron la noche, pero sus vidas aún estaban en peligro ya que sus recientes protectores no podían resguardarlos por mucho tiempo. "Si nos agarran, nos ahorcan a todos -dijeron-. Los ponemos en el tren, cruzan la frontera y se salvan, porque allí no hay turcos."

Pero tras el viaje en tren, ya en Siria, se dieron cuenta de que también allí se encontraban en peligro. Los rumores de nuevos asesinatos de armenios eran cada vez más fuertes. La misma población, la gente en las calles, era hostil. Y ellos entendieron que ningún escondite sería suficiente. Debían irse de Siria, pero hasta encontrar la salida, tendrían que pasar desapercibidos.

El sufrimiento, mientras tanto, terminó por socavar las fuerzas de la familia. Primero falleció la madre , que tenía veinticuatro años, luego dos de sus tías y, finalmente, su abuelo. Del grupo original, sólo quedaban su abuela, una tía, Guiragós y uno de sus primos.

Para entonces, ya con siete años, Guiragós debió salir a colaborar con su familia en medio de los bombardeos de la Primera Guerra Mundial. De los vagones quemados en una estación de tren bombardeada por los ingleses, él y su primo sacaban las cerraduras y bisagras que después se las arreglaban para vender en los almacenes por centavos. Todavía recuerda ese aroma tan especial, el de la comida que la abuela preparaba cada vez que le llevaban las monedas.

Una vez más se emociona, hace una pausa. A su alrededor, su mujer, Meliné, con quien se casó en 1942, y sus hijos, Gregorio y Diana, la familia que formó en Argentina y que ayudó a curar tantas de aquellas viejas heridas.

Con el avance de los británicos, los refugiados armenios recuperaron la paz y la esperanza, ya que les prometieron que volverían a sus pueblos en el sur de Turquía y que los ayudarían con alimentos. "Muchos tomaron los trenes con la bandera armenia. Tocaban canciones alegres. Era la fiesta más grande después de la matanza. Yo caminaba con ellos. Llegaron y sacaron a los turcos de las casas. Cilicia estaba libre", evoca.

Merzifounian viajó a Constantinopla junto con su familia, donde permanecieron cuatro años. Allí, vivió en el orfanato de unos compatriotas y pudo comenzar a estudiar. Mientras tanto, su abuela partió en busca de otro de sus hijos que estaba en un pueblo cercano y nunca más volvió a verla.

La persecucción, otra vez

En medio de tanto sufrimiento, jamás imaginó que presenciaría uno de los hechos más felices de su vida: la independencia de Armenia, el 28 de mayo de 1918. "¡Qué alegría! Hubo una gran fiesta y tocaban música. Los armenios nos reunimos en la plaza grande", recuerda, aunque sabe hoy lo que en aquel momento ignoraba: que el regocijo duraría poco ya que, en 1922, las tropas turcas ingresaron en Constantinopla (actual Estambul) al mando de Mustafá Kemal Atatürk y comenzó una nueva persecución, igualmente salvaje. Para el niño Guiragós no quedaron dudas: también prendieron fuego su orfanato.

Logró escapar con su primo y juntos llegaron a la isla de Corfú, en Grecia, donde aprendió el oficio que lo acompañaría por el resto de sus días: fabricante de calzados. Y fue allí también en donde la suerte -si puede llamársela así- empezó a estar de su lado. Pocos meses después de llegar a Grecia, un familiar que había huido a Francia logró encontrarlos y les escribió para que volvieran a estar juntos. En Francia entonces, y otra vez en familia, pudo rehacer su vida, trabajó en una estación de tren y en una zapatería, y ya tenía dieciocho años cuando lo sorprendió la carta de otro primo que vivía en la Argentina y le prometía enviarle el pasaje.

Desembarcó en Buenos Aires el 8 de julio de 1928 y, como no había nadie esperándolo en el puerto, se subió a un mateo que lo llevó hasta la casa de su primo, en Floresta, y se sentó a esperarlo. "El primer día me convidó vino y pan dulce y al día siguiente, el 9 de julio, nos fuimos juntos al desfile militar", dice con una sonrisa.

Fue en Buenos Aires donde Guiragós se convirtió en Guillermo, como lo conoce la mayoría de los clientes de la zapatería que aún atiende su hijo en Villa Urquiza.

Meliné, Gregorio y Diana siguen atentos el relato que han escuchado ya tantas veces. Se acercan. Controlan que no se exalte. Le traen café y galletas para que haga una pausa, algo imposible porque no hay nada que logre detenerlo, especialmente cuando habla de Atatürk. Como si estuviera viéndolo en persona, eleva la voz, se mueve verdaderamente inquieto. Lo mismo le pasa cuando menciona el frustrado viaje del presidente turco Recep Tayyip Erdogan a Buenos Aires en 2010, o cuando se mencionó la posibilidad de que le hicieran un monumento al líder turco en Recoleta. "Era lo peor que podían haber hecho", afirma. El año pasado, el fallo del juez Norberto Oyarbide que acusó al Estado turco por el genocidio armenio, fue celebrado con ruidosa alegría en su hogar.

Merzifounian nunca olvidó sus raíces ni lo que había vivido en su infancia ni el doloroso recuerdo de sus padres y su abuela perdidos en la tragedia. El sentimiento de injusticia que todavía está vivo en su corazón, y que sus hijos y nietos comparten, mantiene viva también la memoria de su pueblo.

Por eso, durante décadas tuvo una cuenta pendiente: viajar a conocer Armenia, algo que recién pudo saldar en 1972. Allí, sintió que había logrado cerrar el círculo de su pasado y conocer el país con el que nunca había dejado de soñar.

"Estaba en la capital, en la puerta de una biblioteca, y un señor me preguntó: ?¿De dónde viene? De la Argentina. ?¿Desde dónde llegó?' De Francia. ?¿Desde dónde llegó allí?' De Grecia. ?¿Desde dónde?' De Constantinopla. ?¿En Constantinopla, a dónde estabas?' En tal orfanato -concluye--. Me abrazó y nos pusimos a llorar. Era mi compañero de pieza."


miércoles, 27 de junio de 2012

MARTY Mc FLY EN EL 2012 - BACK TO THE FUTURE

Para los amantes de "Back to the Future".



Algo que de seguro le gustará a los amantes del género de la ciencia ficción (y también y a los del cine y la TV).

Es indiscutible que la película “Volver al Futuro” ya se ha convertido en un clásico que hemos visto –de seguro- varias veces.
¿Quién no se maravilló cuando en la parte II el Doc mandaba -en el increíble DeLorean- a Marty McFly al futuro?
Pero… ¿alguien recuerda a qué fecha viajaba nuestro personaje?...
…sí, adivinaron: al 27 de junio de 2012.

¡HOY!

jueves, 21 de junio de 2012

VIVALDI - INVIERNO

Eterna en nuestros corazones, nos llega la música de Vivaldi de la mano de la Filarmónica de Berlín dirigida por el maestro Herbert Von Karajan.
 

martes, 5 de junio de 2012

¿El sargento Cabral era negro?





Martes 05 de junio de 2012
Pensamientos Incorrectos

¿El sargento Cabral era negro?

Por Rolando Hanglin | Para LA NACION

En su discurso del 25 de mayo de 2012, la presidenta Cristina Fernández afirmó que el sargento Juan Bautista Cabral era negro. Y posiblemente, originario de Angola. Como el comentario provocó algunas sonrisas escépticas, hemos buceado en la biblioteca.

Una buena fuente es "Combate de San Lorenzo", por el R.P. Herminio Gaitán. Primeras conclusiones: parece improbable que Cabral, en trance de muerte, haya pronunciado la frase: "Muero contento, hemos batido al enemigo". Casi todo el mundo muere completamente a disgusto, sobre todo en medio de una batalla. Pero según las "Tradiciones" de Pastor Obligado, dijo algo parecido, si bien menos solemne: "Déjenme compañeros. ¿Qué importa la vida de Cabral?. Vayan ustedes a pelear, que somos pocos". Para ser más exactos, lo habría dicho en guaraní, con las siguientes palabras: "Avyá amanó ramo yepé, ña jhundi jhegere umí tytaguá". El valiente soldado rechazaba así la ayuda de sus amigos, que se acercaban para atenderlo en medio de la batalla, que duró sólo 15 minutos.

Juan Bautista Cabral sería hijo natural de don José Jacinto Cabral y Soto, y de la morena Carmen Robledo. Ella, luego, se casó con el moreno Francisco, que llevaba también el apellido Cabral, por ser igualmente esclavo de esa antigua familia. Quizás por esta razón, algunas fuentes lo dan como hijo de la esclava Carmen y del esclavo Francisco, y esclavo él también, pues su nacimiento es anterior a la ley de libertad de vientres, y de raza negra.

Estos datos se confirman en una carta de don Luis Cabral, su amo, del 4 de diciembre de 1812, donde se refiere a la situación de "nuestro negro Juan Bautista, que en su carta me pide le escriba a San Martín para que lo baje a la infantería, porque en la caballería corre peligro". Los negros integraban, habitualmente, la infantería, por ser malos jinetes, de modo que el pobre Cabral tendría -a pie- más chances de sobrevivir.

Cabral había nacido en Saladas, provincia de Corrientes. No contrajo matrimonio y, en su condición de esclavo, desempeñaba funciones de peón. Seguramente, se integró al cuerpo de granaderos a poco de constituirse, y desde Buenos Aires le pidió al amo que intercediera ante San Martín, como surge del párrafo reproducido.

Cabral era negro, sí, y esclavo. Ni siquiera sus posesiones (un caballo y un anillo) le pertenecían realmente
Tenía sólo 20 años. Su patrimonio declarado: un caballo rosillo con la marca de don Luis Cabral, y una sortija de oro, que estaba en poder de doña Tomasa, su patrona.

Finalmente: Cabral no era sargento. Según Gaitán, era "simplemente, un granadero sin rango". Palabra del mismo San Martín. Tampoco hay constancias de un ascenso post-mortem. San Martín mandó colocar, sobre las puertas del cuartel del Retiro, un tablero de forma oval donde se leía: "Al soldado Juan Bautista Cabral. Murió en la acción de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813".

No parece probable que el Libertador haya registrado aquellas palabras en guaraní, para traducirlas después, dado que don José había dejado Yapeyú a los 4 años de edad, para no volver a oír jamás la bellísima lengua india de su infancia.

En resumidas cuentas: Cabral era negro, sí, y esclavo. Ni siquiera sus posesiones (un caballo y un anillo) le pertenecían realmente, pues él mismo era propiedad de don Luis Cabral, según las leyes de la época.

Efectivamente, los esclavos africanos comercializados en la Argentina provenían de Angola y el Congo, identificándose varias "naciones", como los "benguelas" y los "congos". Todos ellos hablaban distintos dialectos de la gran familia bantú. De su hablar han quedado, en nuestro argot cotidiano, palabras como tango, tongo, conga, batuque (barullo) y milonga, entre muchas otras.

La población negra en las provincias del Río de la Plata ascendía, en 1810, al 50 por ciento de algunos territorios como Tucumán, y constituía una colectividad bien nutrida en tiempos de Rosas, es decir hacia 1852. Tras la batalla de Caseros y la Conquista del Desierto (1879-1883) las inmensas oleadas de inmigrantes italianos, españoles, irlandeses, sirios, libaneses, polacos, croatas, etc, diluyó el color moreno y la mota en el pelo, que hoy son rasgos poco habituales en nuestro pueblo. Algo de su forma rítmica permanece, sin duda, en el candombe y la chacarera santiagueña con el sonido del bombo, así como en la piel tostada de nuestro pueblo, donde siempre hay una gota (y algo más) de negro y de indio.

Muchos esclavos negros fueron "donados" por sus amos a los ejércitos patriotas, como se podía donar una mula o una escopeta
Un detalle menos simpático: muchos esclavos negros fueron "donados" por sus amos a los ejércitos patriotas, como se podía donar una mula o una escopeta. Este fue, tal vez, el caso del pobre Cabral.

Dicen que, al cabo de la batalla de Chacabuco, San Martín recorrió el campo sembrado de cadáveres y exclamó, compungido: "¡Mis pobres negros!" De ese color era la mayoría de nuestros soldados, por aquel entonces. Aun torturados por el frío y poco habituados a montar a caballo, se batieron heroicamente. Sólo por eso merecen mucho más que la Marcha de San Lorenzo.

sábado, 12 de mayo de 2012

LA ESCOPETA

Por Julio Ardiles Gray




Avanzó entre los naranjos. El sol caía con tanta fuerza que le obligaba a entrecerrar los ojos. La paloma saltó entonces de una rama a otra, y a otra, y se perdió por entre el follaje bien alto. Con la escopeta levantada, Matías se acercó hasta el tronco del árbol. Pero por más que examinó hoja por hoja, no pudo dar con la paloma. Extrañado, se rascó la nuca.
De pronto, sobre su cabeza sintió un ruido. Volvió a fijarse. arrebujado entre unas ramas, había un pájaro. No era su paloma; era un pájaro de un color entre azulado y ceniciento. Con cuidado, Matías apoyó el arma en el hombro y levantó el gatillo.
"Ya que no es la paloma -se dijo- no me voy a volver a la casa con las manos vacías."
Pero en ese instante, el pájaro saltó a una horqueta, sacudió las alas e hinchando la gola se puso a cantar.
Matías, que ya había llegado al primer descanso, abandonó el gatillo y escuchó.
"Que extraño -se dijo-. Jamás he escuchado cantar a un pájaro como éste."
El trino, en el redondel de la siesta, subía como un árbol dorado y rumoroso. A Matías le pareció que más que el canto del pájaro, lo que se desgranaba eran las escamas amodorradas de la siesta misma. Y le comenzó a entrar un sopor dulce, unas ganas de abandonarse a los recuerdos de los tiempos felices y de no hacer nada más que escuchar el canto del pájaro que seguía subiendo, esta vez como un perfume agridulce y verde.
Para escuchar mejor, dejó caer la escopeta a un lado y arrastrando los pies se acercó al árbol para apoyarse en el tronco. El pájaro había desaparecido, pero su canto continuaba en el aire. Y no pudo sustraerse a la tentación de mirar al cielo y levantó los ojos. Allá arriba, entre unas nubes ociosas que desflecaban gigantescas flores de cardo, dos grandes pájaros negros volaban en lánguidos círculos inmensos. Matías, entonces, no supo distinguir si la dulzura que sentía venía del canto de aquel pájaro o de las nubes que se desvanecían como borrachas a lo lejos.
El canto, entonces, se acabó de improviso. Los pájaros y las nubes desaparecieron y él volvió en sí.
"Me estoy volviendo muy abriboca" -se dijo mientras sacudía la cabeza.
Buscó la escopeta pero no la encontró donde creía haberla dejado. Caminó más allá, volvió más acá, pero el arma había desaparecido.
-¡Esto me pasa por tonto!- gritó en voz alta.
Y todo lo que hizo después fue en vano. Al cabo de una hora, ya cansado, se dijo:
"Me iré a la casa a buscar a mi muchacho. Entre los dos la vamos a encontrar más ligero. No puedo perder así un arma tan hermosa."

De 35 Cuentos Breves Argentinos - Selección de Fernando Sorrentino

martes, 8 de mayo de 2012

MURIÓ CALOI

De Clarín 08-05-12




Murió Caloi, el padre de Clemente

El dibujante y humorista gráfico conocido como Caloi murió hoy a la madrugada tras permanecer internado en el Instituto del Diagnóstico por su grave estado de salud ocasionado por un cáncer. Tenía 63 años. Entre sus personajes, el más recordado será Clemente, protagonista desde el '73 de las contratapas de Clarín. El jueves pasado había estrenado el film "Anima Buenos Aires".

Carlos Loiseau, dibujante y humorista gráfico conocido como Caloi, murió esta madrugada a los 63 años tras permanecer internado por un cáncer.


Fue uno de los historietistas más importantes del país. De su lápiz nacieron los personajes más entrañables: Clemente, La Mulatona, Mimí, Alexis, Bartolo, el Clementosaurio, el hincha de Camerún.
Creador y conductor del ciclo de televisión Caloi en su tinta, dedicado a la divulgación de cortometrajes de animación e historietas, Caloi empezó a dibujar desde chico. Se consideraba un muchacho de barrio. "Transparente; a pesar de ser negro, soy transparente", bromeaba.
Su carrera arrancó en el ‘66 en Tía Vicenta -sólo en dos números, porque Onganía ordenó cerrar la revista. Después de dibujar en Panorama, Siete Días, Satiricón y Primera Plana, entre otras, en 1968 ingresó a Clarín. Allí surgió su personaje más famoso: Clemente, que iba a cumplir 40 años en 2013. Publicado con regularidad desde 1973 en la contratapa del diario, Clemente estuvo presente todos los días. Además, fue llevado a la televisión en 1982 y nombrado "Patrimonio cultural de la ciudad". A su vez, Caloi publicaba una página de humor en al revista dominical Viva.
Negado de la tecnología como era, María Verónica Ramírez, su mujer -también dibujante y pintora-, era la encargada de escanear sus dibujos y enviarlos por mail al diario. Eso en reemplazo de los largos viajes desde José Mármol hasta el diario que hacía en sus inicios para realizar las entregas. Ramírez es también la directora del largometraje de animación Anima Buenos Aires, estenado el jueves pasado.
Aunque nació en Salta, Caloi se sentía tan porteño como su personaje Clemente. Crítico de la economía, amante del fútbol y las mujeres, su personaje fue parte de un combate al gobierno militar durante el Mundial 78. En contra de los pedidos del locutor José María Muñoz, Clemente inició una cruzada para que la gente tirara papelitos en la cancha.
 Y ganó. 
"Cuando en la cancha cantaban 'Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó', yo estaba asustado", confesó hace dos años a Ñ. Así, Clemente se convirtió en una especie de emblema durante el Mundial.
En 2009, la Legislatura porteña lo había distinguido como Ciudadano Ilustre, por sus por sus 43 años como artista.
Mañana, sus lectores buscarán, como todos los días, a ese ser amarillo y rayado sin manos. Lo buscarán, pero esta vez, ya no saldrá de nuevo de su mesa de dibujo.

martes, 1 de mayo de 2012

PATRIMONIO DE LA CIUDAD ARRUINADO

Horizonte Web - Para los vecinos del barrio de Caballito, no hace falta aclararles quienes son: la Asociación Amigos del Tranvía, quienes han puesto a disposición de los vecinos los vagones históricos de nuestro subte, para acercarnos a nuestras raíces, disfrutar de la historia.



Fuente: Horizonte Web – Para los vecinos del barrio de Caballito, no hace falta aclararles quienes son: la Asociación Amigos del Tranvía, quienes han puesto a disposición de los vecinos los vagones históricos de nuestro subte, para acercarnos a nuestras raíces, disfrutar de la historia. En esta ocasión, la AAT (y por consiguiente todos los vecinos) fueron víctimas de un abuso y negligencia a la cuál los argentinos lamentablemente estamos acostumbrados.
La asociación colaboró con el gobierno Nacional, exponiendo una de las reliquias de su flota en la exposición Tecnópolis. Se trata del vehículo Coche de Subterráneos Nº 2, que tiene 99 años de antigüedad. Sin embargo, en la exposición oficial se lo mantuvo a la intemperie, a pesar de estar construído totalmente en madera.
Para peor, durante más de tres meses, el gobierno no proveyó, según lo acordado, el dinero para el retorno de la pieza histórica a nuestro barrio de Caballito. Lamentablemente esa demora hizo que el coche estuviese siete meses a la intemperie, provocando la destrucción del techo del vagón, con las consiguientes filtraciones de agua en su interior; el deterioro de asientos, ventanillas y cubiertas internas; el daño en las instalaciones eléctricas; y como si fuera poco, todo esto impide ahora su funcionamiento como material rodante.
La nota de la indignación podemos darla con el detalle de aquellos daños producidos por el público visitante a Tecnópolis, como por ejemplo describe Revista Horizonte, quemaduras de cigarrillos y daños de interiores. De esta manera podemos confirmar una vez más que el gobierno Nacional, muestra un desprecio por el patrimonio histórico de la Ciudad de Buenos Aires y Barrios como Caballito, ya que dejó que, una auténtica y única pieza de museo, se deteriorase en una exposición a cargo del estado.
Más información sobre la Asociación Amigos del Tranvía
http://www.tranvia.org.ar
http://www.republicadecaballito.com/barrio/paseo-historico-en-tranvia-por-las-calles-de-caballito.php
Se trata de una institución sin fines de lucro, nacida hace 35 años en Caballito. Sus miembros han logrado recuperar una flota de 14 tranvías y coches subterráneos, que datan de principios del siglo XX hasta los años ’70. Mediante el trabajo desinteresado de sus asociados, los vehículos son restaurados y puestos a funcionar. La A.A.T. brinda un servicio gratuito todos los fines de semana y días feriados, transportando pasajeros en un recorrido por Caballito, a bordo de sus coches históricos.

Fuente: Horizonte Web Caballito
Foto: Sebastian Martín de la Asociación Amigos del Tranvía

viernes, 27 de abril de 2012

UNA LLAMADA EN LA DESESPERACIÓN

"Mi marido se suicido hace 20 días por la crisis, seguid luchando" Llama a ABC radio



Imposible no emocionarse ante esta llamada...
Debo reconocer que comencé a escribir alguna interpretación al respecto, sin embargo todo estaría de más.
Mis respetos a los que aquí, de allá, o de cualquier otro lugar en donde suceden estas situaciones límite.

miércoles, 25 de abril de 2012

¿EL PRIMER CUENTO DE KAFKA?


Por Marco Denevi



Entre 1895 y 1901 medió la existencia de la revista literaria Der Wanderer (El viajero), que en idioma alemán se editó en Praga bajo la dirección de Otto Gauss y Andrea Brezina. El número correspondiente a diciembre de 1896 incluye (pág. 7) un cuento titulado El juez, cuyo autor oculta o deja entrever su nombre detrás de la inicial K. Por la atmósfera del cuento y por esa letra (que será más tarde el nombre de los protagonistas de El proceso y de El castillo) se me ha ocurrido la idea de que se trata del primer cuento de un Kafka de quince años.


EL JUEZ

Cuando fui citado a comparecer -como decía la cédula de notificación- en calidad de testigo, entré por primera vez en el Palacio de Justicia. ¡Cuántas puertas, cuántos corredores! Pregunté dónde estaba el juzgado que me había enviado la citación. 
Me dijeron: a los fondos, siempre a los fondos. 
Los pasillos eran fríos y oscuros. Hombres con portafolios bajo el brazo corrían de un lugar para otro y hablaban un leguaje cifrado en el que a cada rato aparecían las palabras como in situ, a quo, ut retro. Todas las puertas eran iguales y, junto a cada puerta, había chapas de bronce cuyas inscripciones, gastadas por el tiempo, ya no podían leerse. Intenté detener a los hombres de los portafolios y pedirles que me orientaran, pero ellos me miraban coléricos, me contestaban: in situ, a quo, ut retro. 
Fatigado de vagabundear por aquel laberinto, abrí una puerta y entré. Me atendió un joven con chaqueta de lustrina, muy orgulloso. Soy el testigo, le dije. Me contestó: Tendrá que esperar su turno. Esperé, prudentemente, cinco o seis días. Después me aburrí y, tanto como para distraerme, comencé a ayudar al joven de chaqueta de lustrina. 
Al poco tiempo ya sabía distinguir los expedientes, que en un principio me habían parecido idénticos unos a otros. Los hombres de los portafolios me conocían, me saludaban cortésmente, algunos me dejaban sobrecitos con dinero. Fui progresando. Al cabo de un año pasé a desempeñarme en la trastienda de aquella habitación. Allí me senté en un escritorio y empecé a garabatear sentencias. Un día el juez me llamó. -Joven- me dijo-. Estoy tan satisfecho con usted, que he decidido nombrarlo mi secretario. Balbuceé palabras de agradecimiento, pero se me antojó que no me escuchaba. Era un hombre gordísimo, miope y tan pálido que la cara sólo se le veía en la oscuridad. Tomó la costumbre de hacerme confidencias. -¿Qué será de mi bella esposa? -suspiraba-. ¿Vivirá aún? ¿ Y mis hijos? El mayor andará ya por los veinte años. Algún tiempo después este hombre melancólico murió, creo (o, simplemente, desapareció), y yo lo reemplacé. Desde entonces soy el juez. 
He adquirido prestigio y cultura. Todo el mundo me llama Usía. El joven de saco de lustrina, cada vez que entra a mi despacho, me hace una reverencia. Presumo que no es el mismo que me atendió el primer día, pero se le parece extraordinariamente. He engordado: la vida sedentaria. Veo poco: la luz artificial, día y noche, fatiga la vista. Pero unos disfruta de otras ventajas: que haga frío o calor, se usa siempre la misma ropa. Así se ahorra. Además, los sobres que me hacen llegar los hombres de los portafolios son más abultados que antes. Un ordenanza me trae la comida, la misma que le traía a mi antecesor: carne, verduras y una manzana. Duermo sobre un sofá. El cuarto de baño es un poco estrecho. A veces añoro mi casa, mi familia. En ciertas oportunidades (por ejemplo en Navidad) no resulta agradable permanecer dentro del Palacio. Pero, ¿que he de hacerle? Soy el juez. 
Ayer, mi secretario (un joven muy meritorio) me hizo firmar una sentencia (las sentencias las redacta él) donde condeno a un testigo renitente. La condena, in absentia, incluye una multa e inhabilitación para servir de testigo de cargo o de descargo. El nombre me parece vagamente conocido. ¿No será el mío? Pero ahora yo soy el juez y firmo las sentencias.

De 35 Cuentos Breves Argentinos, selección de Fernando Sorrentino.

martes, 24 de abril de 2012

HIPERTENSIÓN

Con hipertensión, el deterioro cognitivo empieza antes de los 50.

Un relevamiento local detectó fallas tempranas en la memoria y las funciones ejecutivas
Por Fabiola Czubaj  | LA NACION




Ni el peso, el colesterol o la edad tienen tanto impacto como la hipertensión en el deterioro de funciones cognitivas claves en plena etapa productiva de la vida.

En un relevamiento epidemiológico realizado en el corazón de la provincia de Córdoba, un equipo local determinó con una batería de tests que hasta el 45,6% de los hipertensos con una edad promedio de 50 ya tenía algún signo sospechoso de deterioro cognitivo o demencia. Los principales problemas detectados fueron de memoria o las fallas en las funciones ejecutivas, que son las que nos permiten organizar las tareas del día, saber cómo llegar a un lugar, mantener una conversación o utilizar el dinero, entre tantas otras.

"Tener hipertensión y alguna alteración de esas funciones quintuplica el riesgo de desarrollar una demencia en el futuro. Salvo en los mayores de 70, en los que la edad influyó claramente en el deterioro cognitivo, la hipertensión fue el único factor de riesgo de los cuatro estudiados [ver infografía] que en los más jóvenes estuvo asociado con un compromiso cognitivo. Esto quiere decir que el deterioro comienza tempranamente. De hecho, la literatura médica habla de los 25 años", indicó a LA NACION el doctor Augusto Vicario, autor principal del trabajo premiado en el XIX Congreso Argentino de Hipertensión Arterial, organizado por la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
La ciudad cordobesa de Villa María atrajo la atención del equipo de la Fundación Certus porque allí funciona un programa de prevención cardiovascular (Corazón Sano) para los 80.000 habitantes de sus 34 barrios.

El equipo de Vicario, formado también por los doctores Gustavo Cerezo, Mildren Del Sueldo y Judith Zilberman, convocó a la población por la radio local, megáfono y panfletos a acercarse a los centros de atención primaria para hacerse un control cardiovascular y cognitivo. Finalmente participaron 1365 voluntarios, de entre 18 y 88 años (un promedio de 50), sin enfermedades psiquiátricas, demencias o depresión ni infartos cerebrales previos.

Además de los análisis de laboratorio y el control clínico, a todos se les aplicó el Mínimo Examen Cognitivo o MEC, que incluye una prueba general de evaluación rápida conocida como Miniprueba del Estado Mental (o Minimental) y otras dos más específicas: una para evaluar la memoria semántica (Test de Boston) y otra para conocer cómo los lóbulos frontales del cerebro ejecutan las funciones ejecutivas (Test del Reloj).

Mientras que el Minimental reveló que un 14,5% tenía signos de deterioro cognitivo, las otras dos pruebas más especializadas llevaron esa cifra a un 34,6% con fallas ejecutivas y a un 45,8% con problemas de memoria. A diferencia de los mayores de 70, en los que la edad explicaba el déficit cognitivo, en los más jóvenes fue la hipertensión la causa asociada. Los participantes con resultados alterados fueron derivados al neuropsicólogo para una evaluación más profunda.

BASTA CON QUE SEA LEVE

Los pocos especialistas que durante el congreso expusieron a sala llena sobre la relación entre la presión alta y el deterioro cognitivo coincidieron en que basta con que la hipertensión sea leve o moderada como para inducir modificaciones silenciosas en el tiempo en las estructuras vasculares y las funciones cerebrales que pueden terminar en un accidente cerebrovascular y la demencia.

Las guías de la SAHA definen la hipertensión leve (grado 1) cuando la presión sistólica (máxima) es de 140-159 mmHg y/o la presión diastólica (mínima) es de 90-99 mmHg. Para la hipertensión moderada, los valores son 160 y 100 mmHg, respectivamente.

"La hipertensión daña la estructura de los vasos cerebrales en la sustancia blanca, ubicada por debajo de la corteza cerebral -explicó Vicario-. Esta sustancia es un conglomerado de fibras nerviosas que unen diversas estructuras del cerebro. El flujo de sangre alterado y la disminución en la oxigenación lesiona la mielina que recubre las fibras nerviosas, lo que interrumpe los circuitos y desconecta los lóbulos frontales. Así, se afectan las funciones ejecutivas, que dependen de la integridad de estos circuitos, y eso compromete los procesos mentales complejos como la resolución de problemas y la toma de decisiones."

Por su parte, el doctor Antonio Coca, jefe de la Unidad de Hipertensión y Riesgo Vascular del Hospital de la Universidad de Barcelona, España, advirtió que los hipertensos "puros" (sin otras enfermedades) con más lesiones silentes en la sustancia blanca son aquellos en los que el tratamiento no logra controlar la presión. "En un estudio sobre más de mil hipertensos de entre 60 y 90 años, sin demencia, se detectó a los cinco años en una segunda resonancia que la incidencia de la demencia de origen vascular era de 8 de cada 1000 pacientes", comentó Coca, reconocido por sus investigaciones. En otro estudio, los participantes que desarrollaron demencia fueron los que 15 años antes habían tenido la presión sistólica (máxima) y diastólica (mínima) altas.

"También detectamos en un estudio sobre pacientes de entre 50 y 60 años con hipertensión leve a moderada, sin otras enfermedades ni tratamiento antihipertensivo previo, que el 40% tenía lesiones silentes en la sustancia blanca del cerebro", agregó Coca.

Se estima que si se retrasa cinco años el avance del deterioro cognitivo, en una década habría 4 millones menos de personas con demencia.

"El cardiólogo o el médico clínico pueden decir que es normal perder la memoria... Pero hay que decirlo después de estudiarlo", insistió Vicario. Y sabe de lo que habla.

En una encuesta vía Internet a cardiólogos y médicos clínicos, el 100% respondió correctamente que el deterioro cognitivo está asociado con la hipertensión, pero sólo tres de cada diez lo evaluaba en la consulta. Al preguntarles si en los pacientes mayores con ese tipo de problemas habría que tratar agresivamente la presión alta, el 100% dijo que sí, aunque sólo dos de cada diez lo hacía.



LA MEJOR RECETA PARA REDUCIR LOS RIESGOS

Los especialistas en hipertensión y demencia coincidieron en recomendar, aquí, durante el XIX Congreso Argentino de Hipertensión Arterial que, ante un hipertenso joven, hay que optar por una evaluación combinada: cognitiva y de las lesiones cerebrales silentes mediante una resonancia magnética.

Entonces, la pregunta de rigor es si el tratamiento de la hipertensión y el control rutinario de la presión podrían prevenir el deterioro cognitivo. No necesariamente, pero sí demorarlo, según aseguraron los expertos consultados.

"Prevenir y tratar en forma agresiva la hipertensión y los factores de riesgo [el colesterol, la diabetes y la obesidad], que dañan las estructuras vasculares, retrasa la progresión del deterioro cognitivo en quienes tienen predisposición a desarrollarlo. Si cuidamos la salud general, estaremos previniendo la aparición precoz de las demencias", indicó el doctor Augusto Vicario, vicepresidente de la Sociedad de Cardiología de Buenos Aires y médico del Hospital Español.

lunes, 23 de abril de 2012

HOMENAJE DEL BARRIO DE FLORESTA Y DEL CLUB ALL BOYS A VETERANOS DE GUERRA DE MALVINAS

Este domingo 22 de abril, el barrio de Floresta y el Club All Boys, homenajearon a Veteranos de Guerra de las Malvinas en el año del 30° aniversario de la gesta.

EN LA PLAZA DE FLORESTA

Los "dueños de casa" homenajean a los Veteranos de Guerra de Malvinas 


La imagen de Marcelo "Turco" Salomón, siempre presente.



EN LA CANCHA DE ALL-BOYS
Los Veteranos de Guerra de Malvinas, y sus familiares, en la cancha.


La hinchada visitante de Unión de Santa Fé también saluda a los VGM.


Los VGM con sentimiento M28

La hinchada de All-Boys homenajeando a los VGM


Los VGM agradecen a las tribunas el homenaje recibido.

Alfredo Pucci con la placa que All-Boys obsequiara a los VGM.

Intercambio de presentes entre los VGM y las autoridades de All-Boys