De interés para los vecinos del noroeste de la ciudad de Buenos Aires
Donde nada se decide, nada pasa. (Kierkeggaard) - Hay quienes creen que corren tras algo, cuando en realidad son las consecuencias de su obrar las que los persiguen. (Levy Claus)
domingo, 25 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
EL MILAGRO DE MILÁN - IL MIRACOLO A MILANO
En la historia del mundo siempre han quedado registrados eventos cuyas explicaciones siguen estado pendientes hasta el día de hoy y que son considerados por algunos como simples hechos fortuitos atribuidos a la coincidencia, mientras que otro sector los considera como reales milagros influenciados por la acción divina.
Sea cual sea la creencia común, es indudable que estos eventos marcaron un hito imborrable en el recuerdo de la comunidad afectada; la cual hasta el día de hoy narra el suceso con alegría.
El milagro de Milán fue un hecho ocurrido el 14 y 15 de agosto de 1943, durante los años oscuros de la Segunda Guerra Mundial, en donde los infinitos bombardeos llevados a cabo por el área militar de la alianza sobre la ciudad causaron estragos que dejaron varios cientos de miles de heridos, muertos, desaparecidos y gente sin hogar. En aquel entonces Milán era, como en la actualidad, considerada como una ciudad simbólica en donde se concentraba un gran porcentaje de la historia del mundo, pues grandiosos representantes del arte habían vivido y trabajado allí, creando maravillosas obras. Un claro ejemplo de ello fue Leonardo Da Vinci uno de los más famosos hombres de todos los tiempos y que creo uno de los cuadros más reconocidos en todo el globo: La última Cena, obra pintada en un refectorio del convento milanés de Santa María delle Grazie entre los años 1495 y 1497. Cuenta la historia que después de que las tropas del Eje fueron expulsadas del norte de áfrica, el siguiente objetivo de la alianza fue el de conquistar Italia y para ello realizaron diversas campañas de bombardeo previo a la incursión terrestre. Lo que ocurrió fue que en esas fechas, durante el 14 y 15 de agosto de 1943, se decidió bombardear Milán, pero sólo en el sector industrial de la ciudad; el problema ocurrió cuando, por un error de cálculo, las bombas cayeron sobre el centro histórico —en donde estaba el convento de Santa María— y destruyeron prácticamente todo. Como era de esperarse, el recinto también sufrió graves daños e incluso se llegó a pensar que se debía demoler, mas lo que causó conmoción entre los ciudadanos sobrevivientes fue que, a pesar de haber sido destruida en más de un 60%, una de las pocas paredes que sobrevivió y quedó intacta —a pesar de que una bomba incendiaria cayó a pocos metros y quemó todo a su alrededor— fue precisamente en la que Leonardo Da Vinci había decidido crear su obra maestra.
Hasta el día de hoy existen muchos quienes achacan este suceso a un milagro del cielo, aunque también hay otro grupo menos creyente que opina que sólo fue una coincidencia. En lo que coinciden es que cual fuere que sea la verdad, lo importante es que dicha pieza de arte mundial todavía se preserva para el deleite de todos.
viernes, 17 de febrero de 2012
ANSEL ADAMS
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| ANSEL ADAMS |
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| ANSEL ADAMS EN SU COCHE |
Ansel Easton Adams nació en San Francisco, California en 1902.
Ya desde pequeño mostró un gran interés por la fotografía cuando su padre le regaló una cámara Kodak Box Brownie en una de las excursiones al Parque Nacional de Yosemite cuando tenía 14 años.
Más adelante sus fotografías en blanco y negro de dicho parque, así como las de la costa californiana y otros enclaves naturales se convirtieron en su sello de identidad.
También tuvo oportunidad de asistir a una gran exposición que celebró con motivo de la apertura del Canal de Panamá, donde pudo contemplar fotografías de todas partes del mundo que fascinaron a Ansel.
Pero unos contactos con el reconocido fotógrafo Paul Strand le convencieron de dedicarse profesionalmente a la fotografía.
También incursionó en estudios de piano con vistas a convertirse en músico. Incluso cuando se casó, anduvo debatiéndose entre las profesiones de músico y fotógrafo.
Junto a Edward Weston, Imogen Cunningham y Willard Van Dyke fundó en 1932 el grupo f/64, una influyente organización de fotógrafos que se caracterizaba por realizar fotografías directas de gran nitidez. También ayudó a fundar el departamento de fotografía del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), el primer departamento de esta clase en un museo. Ansel Adams publicó numerosos libros tanto de sus fotografías como técnicos.
En 1933 viajó a Nueva York donde conoció a Alfred Stieglitz con quien entabló una gran amistad y quién le acercaría en el futuro trabajos en revistas como Fortune o Life.
En 1939 Adams expuso por primera vez en San Francisco. Creó el primer departamento de fotografía en la escuela de Bellas Artes Decorativas de California y publicó la colección Libros esenciales sobre fotografía acerca de técnicas fotográficas.
Ansel Adams se destacó por sus fotografías de abruptos paisajes, profundos cañones, montañas y ríos, bien por placer personal bien por encargos del Gobierno o por los directores de los Parques Nacionales.
Realizó grandes series de fotografías de numerosos parques, sobresaliendo, por conocidas, las de Yosemite National Park y Sierra Nevada.
Si bien eso no le gustaba, al menos le permitía seguir dedicándose de forma más libre a su pasión: la fotografía de la naturaleza.
En su calidad de fotógrafo paisajista, Adams pasó una parte importante de su vida en los parques nacionales norteamericanos, sobre los cuales publicó más de 24 álbumes.
Captó en blanco y negro la majestuosidad de la naturaleza de los Estados Unidos, ya que sus fotografías reflejan un enorme contraste de sombras y luces, desiertos áridos, nubes gigantescas y monstruosos árboles.
Adams no se limitó a las labores de fotógrafo: su trabajo despertó el interés del público por los parques nacionales, contribuyendo así a protegerlos y a crear otros.
En 1949 fue el encargado de probar los primeros prototipos de Polaroid, tarea a la que se dedicó con entusiasmo para explorar las nuevas posibilidades que ofrecía el sistema.
Ansel Adams creo el “sistema de zonas” un método de medición y revelado que utilizaba para dividir la gradación de luz en una escena en 10 zonas diferentes, del blanco al negro. Esto le permitía visualizar los diferentes niveles de gris en la fotografía final con gran precisión.
En 1979 publicó el libro "Yosemite and the Range of Light" del cual se llegaron a vender más de 200.000 ejemplares.
Murió en abril de 1984.
Frases de Ansel Adams
La fotografía es un medio analítico y la pintura es un medio sintético.
En la sabiduría recolectada con los años he encontrado que cada experiencia es una forma de exploración.
La fotografía es más que un medio para la comunicación efectiva de ideas. Es un arte creativo.
No hay nada peor que una imagen brillante de un concepto borroso.
Hay siempre dos personas en cada cuadro: el fotógrafo y el espectador.
No tomas una fotografía, tú la haces.
Los mitos y los credos son luchas heroicas para comprender la verdad en el mundo.
Una fotografía no es un accidente, es un concepto.
Una buena fotografía se obtiene sabiendo dónde pararse.
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| COLLAGE DE VARIAS FOTOS |
domingo, 12 de febrero de 2012
LA MUERTE ACECHA
Velatorio de un cañero muerto en Chichigalpa
(Estéban Félix AP)
LA MUERTE ACECHA A LOS CAÑEROS
Silvana Aguerri perdió a su esposo, Santiago, hace tres años debido a una letal enfermedad que ahora también amenaza la vida de sus hijos mayores, Germán y Santos. Los dos padecen insuficiencia renal crónica (IRC), un mal que ataca los riñones y que en Nicaragua causó la muerte de más de 800 personas solo en 2009. La mayoría eran hombres cortadores de caña de azúcar como el esposo de Silvana. Esta mujer menuda, de piel morena quemada por el sol, habita en una pobre y pequeñísima comunidad del oeste nicaragüense en la que se ha cebado la enfermedad, hasta el punto de cambiarle el nombre. Es la Isla de las Viudas.
El verdadero nombre del pueblo es La Isla, a secas. Está en Chichigalpa, a 123 kilómetros de Managua. Se trata de un pedazo de tierra rodeado de riachuelos en el que se levantan humildes casas hechas con maderos viejos, latones oxidados y plásticos negros que sirven de paredes, techos o divisiones para las habitaciones. Niños descalzos, de vientres hinchados, corretean junto a animales de corral, mientras culebras y otros bichos pasean libremente por las propiedades. Una pobreza que contrasta con la riqueza de esta región, una de las más prósperas de Nicaragua, donde se halla el ingenio San Antonio, un inmenso cañaveral que es la base de la riqueza de la Nicaragua Sugar State Limited, una empresa propiedad del poderoso Grupo Pellas —el más grande de Nicaragua—, que es la mayor productora de ron y azúcar del país, y que en 2010 facturó unos 112 millones de euros.
En 2009 murieron por esta enfermedad en Nicaragua 800 hombres, la mayoría cortadores de caña de azúcar
Ese cañaveral es la principal fuente de trabajo para los habitantes de Chichigalpa y sus comunidades aledañas. Pero también es su condena, a decir de los vecinos, espantados por el creciente número de fallecidos por “el mal de los riñones”, casi todos extrabajadores del cañaveral. El esposo de Silvana trabajó durante décadas en estas plantaciones de caña, hasta que fue diagnosticado de insuficiencia renal crónica y dado de baja. Al morir, Silvana, de 55 años, se quedó con sus 12 hijos y cobrando una pensión de viudedad de unos 38 euros al mes. Su subsistencia depende de su trabajo lavando y planchando, pero también del dinero que ganan en la plantación sus dos hijos mayores, ahora afectados por la misma enfermedad que mató a su padre.
Germán es el mayor. Está casado y espera una niña en mayo. Dice que no le queda más remedio que seguir trabajando en el cañaveral, a pesar de que lo hace de forma clandestina: con un diagnóstico de insuficiencia renal está prohibido trabajar en la plantación. Sin embargo, los capataces, dice Germán, se saltan las reglas y los emplean nuevamente, pero esta vez sin contrato. “Uno tiene que trabajar, si no de qué va a vivir. Usamos un número [de identificación] prestado. Si estás enfermo no te dan la oportunidad. A veces entro con el nombre de otro”, relata Germán, quien admite temer por su futuro, más ahora que va a ser padre. Cuando le diagnosticaron la insuficiencia renal crónica y lo echaron de la plantación, Germán emigró a Costa Rica, donde estuvo trabajando en la construcción, pero decidió regresar a Nicaragua y ahora vive con su madre y otros hermanos en una casucha desvencijada donde se hacinan 10 personas, que por las noches duermen en hamacas.
La IRC consiste en la pérdida de la capacidad de los riñones de filtrar las toxinas u otros desechos del cuerpo, por lo que los enfermos necesitan someterse a costosas sesiones de diálisis o a un trasplante de riñón. En Nicaragua, una sesión de diálisis cuesta unos 923 euros, y son necesarias tres sesiones por semana. Un trasplante de riñón supera los 15.000 euros. Esta letal enfermedad se diagnostica a través de la medición de los niveles de creatinina en el cuerpo. Cuando se detecta que son mayores de 1.3 por decilitro de la sangre, se confirma la enfermedad.
Hasta ahora los especialistas no han podido averiguar las causas de la epidemia de IRC que afecta a varios países de Centroamérica, principalmente a hombres de mediana edad. Algunos investigadores sospechan que las extenuantes condiciones laborales en las plantaciones, donde los trabajadores se exponen a temperaturas de hasta 40 grados y deshidratación, podrían ser la causa de esta enfermedad, que en 2009 mató a 2.793 hombres en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica, según la Organización Mundial de la Salud.
Virgilio Pozo fue trabajador del ingenio San Antonio, y murió de esta enfermedad a los 32 años. Su esposa, Paula Chévez, de 29 años, sobrevive con sus cuatro hijos en La Isla, dedicándose a vender grano. Paula asegura que no recibe pensión de viudez. “Fui al seguro en varias ocasiones, pero me dijeron que ni por orfandad le podían dar [pensión] a los niños, porque él no tenía las suficientes semanas cotizadas”.
Esta mujer recuerda el sufrimiento de su esposo a causa de la IRC: vómitos constantes, mareos, pérdida de peso, hipo, dolores fuertes en los riñones e inflamaciones en el cuerpo. “En varias ocasiones había caído en cama. La última vez solo soportó 13 días. Duró 10 años con la enfermedad, pero en ese tiempo siguió trabajando por debajera [clandestino] en el ingenio, usted sabe, por la necesidad”, explica Paula. “Aquí la mayoría de los hombres se han muerto de eso. De esa enfermedad nadie se capea”, agrega la mujer.
“Es espeluznante”, dice Francisco Chévez, un anciano de 70 años, padre de Paula, y que trabajó desde los 12 en el San Antonio. Chévez asegura que fue diagnosticado con un nivel de creatinina de 1.6, pero hasta ahora no ha desarrollado mayores complicaciones. Él cree que la enfermedad está “controlada”, pero la pérdida de la función de los riñones puede tardar años en ocurrir. El anciano se lamenta de la muerte de tantos hombres en Chichigalpa, y culpa a las plantaciones de caña de este bello paisaje nicaragüense, de tierra fértil y dominado por imponentes volcanes.
En Managua, el Grupo Pellas concentra sus actividades administrativas en una lujosa torre de cemento y cristal levantada en lo que se conoce como el nuevo centro de la capital. Allí, Gabriel Granera, director de Comunicación de la Nicaragua Sugar State, explica que hasta ahora no se ha comprobado que haya un vínculo entre la IRC y el trabajo en el ingenio San Antonio. “No hay un solo estudio que abone esa tesis”, dice Granera. El ejecutivo explica que su empresa cofinancia una investigación de la Universidad de Boston que intenta dar con la causa de la peste, pero que sus conclusiones finales aún no están listas. Cuando escucha las acusaciones de las mujeres de La Isla, Granera responde: “Culpar requiere sustentar esa acusación. Los estudios serios que se han hecho no han comprobado la causa”.
En Chichigalpa, centenares de extrabajadores de la Nicaragua Sugar State exigen a la empresa una indemnización por la enfermedad. José Cortés es el presidente de una organización que agrupa a 2.100 cañeros. Muchos de ellos se plantan todos los días en la entrada del ingenio San Antonio en espera de una respuesta a sus demandas. José recibe tratamiento contra la IRC, dos sesiones semanales de diálisis, pero asegura que es un afortunado, por eso, dice, lucha con sus compañeros para que todos reciban una respuesta. “Mueren dos personas al día por la enfermedad. Queremos que se llegue a un arreglo con la empresa, una compensación, algo que sea justo”.
Mientras los hombres protagonizan una pelea legal que podría no tener fin, en La Isla las viudas siguen con sus vidas. Su mayor preocupación es cuidar a los huérfanos y sobrevivir. En la Isla de las Viudas, olvidada por las autoridades, los niños corretean descalzos al lado de los cañaverales, esos que posiblemente sean en un futuro su única fuente de trabajo.
jueves, 26 de enero de 2012
Las huellas de Illia, en Malvinas
Las huellas de Illia, en Malvinas
Por Juan Pedro Tunessi DIPUTADO DE LA NACIÓN (UCR)
26/01/12
Hace pocos días se conmemoró un nuevo aniversario del fallecimiento del presidente Illia, en el contexto de un recrudecimiento de las tensiones entre la Argentina y el Reino Unido en torno a nuestra permanente e irrenunciable demanda soberana sobre las Islas Malvinas.
La circunstancia es propicia para recordar la vigencia de la Resolución 2065/65 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aquel hecho trascendental para el reclamo de nuestros derechos soberanos en los archipiélagos australes, producto de la eficaz tarea diplomática de ese gran presidente argentino y su canciller Miguel Angel Zavala Ortiz. Con instrucciones del presidente y su canciller Miguel Angel Zabala Ortiz, el representante argentino ante la ONU, José María Ruda, orientó la estrategia diplomática, con el fin de: Obtener el restablecimiento de la unidad territorial de Argentina, mediante el reconocimiento de los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas.
Oponerse a todo intento que por vía de la autodeterminación de los colonos se propusiera una independencia o cualquier otra solución que convalidara el despojo.
Se lograron los objetivos, ya que el Comité Especial de Descolonización concluyó que “la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales” era aplicable al caso Malvinas y la Asamblea General dictó la Resolución 2065, por la cual la comunidad internacional considera la presencia británica como una forma de colonialismo , reconoce la existencia de una disputa soberana entre Argentina y el Reino Unido como únicas partes y las invita a negociar, teniendo en cuenta el interés de la población de las Islas.
Al hablar de “interés de la población” y no “deseo”, quedó claro que no rige “el derecho de autodeterminación” , lo que hubiera implicado convalidar el acto ilegítimo de 1833 y aceptar que la potencia colonizadora pudiese decidir sobre la suerte del territorio que usurpó.
El conflicto bélico no cambió las cosas. La Asamblea en 1982 volvió a instar a las partes a reanudar tratativas que contemplen la soberanía y lo propio hizo en 1985.
http://www.clarin.com/opinion/huellas-Illia-Malvinas_0_634736599.html
La circunstancia es propicia para recordar la vigencia de la Resolución 2065/65 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aquel hecho trascendental para el reclamo de nuestros derechos soberanos en los archipiélagos australes, producto de la eficaz tarea diplomática de ese gran presidente argentino y su canciller Miguel Angel Zavala Ortiz. Con instrucciones del presidente y su canciller Miguel Angel Zabala Ortiz, el representante argentino ante la ONU, José María Ruda, orientó la estrategia diplomática, con el fin de: Obtener el restablecimiento de la unidad territorial de Argentina, mediante el reconocimiento de los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas.
Oponerse a todo intento que por vía de la autodeterminación de los colonos se propusiera una independencia o cualquier otra solución que convalidara el despojo.
Se lograron los objetivos, ya que el Comité Especial de Descolonización concluyó que “la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales” era aplicable al caso Malvinas y la Asamblea General dictó la Resolución 2065, por la cual la comunidad internacional considera la presencia británica como una forma de colonialismo , reconoce la existencia de una disputa soberana entre Argentina y el Reino Unido como únicas partes y las invita a negociar, teniendo en cuenta el interés de la población de las Islas.
Al hablar de “interés de la población” y no “deseo”, quedó claro que no rige “el derecho de autodeterminación” , lo que hubiera implicado convalidar el acto ilegítimo de 1833 y aceptar que la potencia colonizadora pudiese decidir sobre la suerte del territorio que usurpó.
El conflicto bélico no cambió las cosas. La Asamblea en 1982 volvió a instar a las partes a reanudar tratativas que contemplen la soberanía y lo propio hizo en 1985.
http://www.clarin.com/opinion/huellas-Illia-Malvinas_0_634736599.html
viernes, 20 de enero de 2012
TAKE FIVE - The Dave Brubeck Quartet (1961)
Dave Brubeck Quartet - Take Five (Jazz Casual '61) by matorganics
Dave Brubeck, nació en el seno de una familia burguesa y muy religiosa. Su madre era pianista, sus dos hermanos mayores estudiaban música clásica y el joven David, estudiaba piano y violonchelo desde los nueve años. Profundiza sus estudios de piano, teoría y composición en el "College of Pacific" tras renunciar a sus estudios de veterinario. El ejercito lo envía en 1944 a combatir con las fuerzas aliadas en Francia y tras el armisticio, dirigió una pequeña orquesta militar. Cuando vuelve a EE.UU. estudia con el prestigioso compositor francés, Darius Milhaud y organiza un octeto experimental con otros alumnos del maestro francés.
Ídolo manifiesto de Duke Ellington - su música hizo que Brubeck abandonara los terrenos de la música clásica por el jazz - soportó al principio de su carrera, criticas durísimas sobre su forma de tocar, sobre su música y sobre su calidad como pianista. Con la perspectiva histórica que da el tiempo, se le reconoce el haber intentado, y en cierto modo logrado, una fusión entre elementos de la música europea y el jazz, sobre todo en su faceta de compositor.
En 1951, crea su famoso cuarteto con el saxofonista alto, Paul Desmond, desde donde se lanza a dar conciertos por colegios y universidades hasta que en 1954, la prestigiosa revista "Time", le dedica su portada. Cuando en 1956, se incorpora al cuarteto el excelente batería, Joe Morello y el no menos magnifico contrabajista, Gene Wright en 1958, el cuarteto se refuerza sensiblemente ganando en calidad y eso hace que Brubeck y Desmond, empiecen a ser conocido fuera de los Estado Unidos realizando giras por los cinco continentes con el patrocinio del Departamento de Estado americano,
El éxito de masas y publico, le llega en 1959 cuando graba la extraordinaria composición creada por Paul Desmond, "Take Five". El éxito de aquel disco grabado para Columbia, titulado "Time Out" produjo records de venta y de audiencia que se prolongó Practicamente hasta la marcha de Desmond del cuarteto, hecho que ocurrió en 1967. Desde entonces, un par de felices reencuentros con Desmond y un pianista que todavía hoy a sus mas de ochenta años, se le recuerda con simpatía. domingo, 1 de enero de 2012
MURIO DIEGO RAPOPORT
El músico acompañó a grandes figuras de nuestra música como Luis Alberto Spinetta y David Lebón, entre otros. Tenía 63 años
El 2011 termina con un sabor amargo para todos los seguidores de música y el rock nacional. A los 63 años murió de un paro cardiovascular Diego Rapoport, pianista de orientación jazzera, cuando regresaba a Bailoche, lugar donde vivía, luego de visitar a Luis Alberto Spinetta.
Tuvo una vida intensa. Vivió varios años en Europa y en Oriente. A su regreso al país, en 1976, participó de Arco Iris, banda liderada en esa época por Ara Tokatlián. Su teclado acompañó a figuras como Luis Alberto Spinetta y David Lebon. Integró el grupo Raíces y Spinetta Jade, entre otros.
Rápidamente, su nombre se convirtió en trending topic en Twitter. "Que en paz descanse Diego Rapoport, uno de los musicos mas talentosos de nuestra tierra, abrazo de alma para toda la familia, fuerza y luz", escribió Dante Spinetta en su cuenta.
Luego, en los 80´, se radicó en San Carlos de Bariloche donde siguió tocando y formó una banda de jazz. Los restos de Rapoport serán sepultados en dicha ciudad. (www.tn.com.ar)
martes, 20 de diciembre de 2011
TGV-SNCF-RÉCORD MUNDIAL DE VELOCIDAD SOBRE RIELES
3 de abril de 2007
Resumen del documental de la prueba en la que logró batir el récord mundial de velocidad sobre rieles con un TGV Dúplex de Alstom.
Resumen del documental de la prueba en la que logró batir el récord mundial de velocidad sobre rieles con un TGV Dúplex de Alstom.
martes, 6 de diciembre de 2011
BRASCÓ, HOMBRE DE MIL CARAS
Viernes 18 de noviembre de 2011 | Publicado en edición impresa
Un inclasificable
Brascó, hombre de mil caras
Poeta, experto en vinos, dibujante, novelista, autor de letras de canciones. Miguel Brascó es todo eso y tal vez más. "Al principio, hacer tantas cosas me parecía divertido. Después me di cuenta de que era un hándicap", dice
Por Leila Guerriero | Para LA NACION
Es verano. Es 1934. El chico tiene ocho años, está solo en su casa, en un pueblo patagónico llamado Puerto Santa Cruz, un puñado de habitantes a 270 kilómetros de Río Gallegos. Mira el vaso de agua fresca que ha puesto en la mesa, frente a sí, y piensa: "Todavía no". Ha pasado la tarde andando a caballo, jugando con sus mascotas que, en esas latitudes, no son extravagantes (un guanaco, un ñandú, dos pollos) y suda copiosamente mientras ve cómo el vaso de agua chorrea sobre la mesa. Y vuelve a pensar: "Todavía no". Pasarán aún nueve minutos antes que vacíe el vaso de unos cuantos tragos golosos con los que aplacará la sed que le pega la lengua al paladar.
-Era un ejercicio de la voluntad, como si dijeras "No voy a respirar hasta que sea la asfixia".
Casi ocho décadas después de aquellos días, el poeta, dibujante, escritor y crítico de vinos Miguel Brascó pega el mentón al torso y, con una voz que resulta a la vez hastiada y jocosa, agrega: "Eso es algo que yo hago bastante".
En el estudio donde trabaja, un departamento antiguo de Barrio Norte, en Buenos Aires, hay una mesa redonda cubierta de lápices, blocks, cortapapeles; otra, más pequeña, con una computadora; un televisor enorme; un sillón de cuero para las visitas y una silla en la que está sentado él, pantalón claro y campera de lana beige.
-Yo soy ordenado y controlado por naturaleza. Escribo un mail y lo corrijo. Cambio los puntos, pongo diferentes tipos de letras, bastardillas.
A espaldas del sillón para las visitas hay una biblioteca, pilas de libros atados con piolín (T. S. Eliot, Anthony Burgess, Shakespeare, los hermanos Marx, poesía, casi todo en inglés), fotos -García Lorca, su madre, y su mujer actual, la periodista y poeta Patricia Delmar-, rollos de cintas para embalar. Miguel Brascó tiene 85 años y una vida que no parece la de un hombre controlado sino la de alguien cuya marca es el exceso: vivió en Puerto Santa Cruz, en Santa Fe, en Buenos Aires, en Lima, en Madrid, en Holanda; tuvo seis matrimonios, tres hijos (Nicolás, de 60; Irene, fallecida a los 31; Milagros, de 13); es abogado, escribió crónicas de viajes, crítica de vinos, letras de canciones ("La vuelta de Obligado", que cantó Alfredo Zitarrosa), poemas, cuentos, novelas; es dibujante, fundó revistas como Cuisine&Vins y Status; creó tres clubes privados para hombres (The Twelve Fishermen, The Fork Club, Epicure); escribió libros que fueron best-sellers (Anuario Brascó 2006 de los vinos argentinos), dirigió programas de televisión (Chateau Brascó, Beber y beber, Dos de copas) y tiene dos vinos propios, uno de Finca La Anita, otro de Bodegas López.
-Al principio, hacer tantas cosas me parecía divertido. Después me di cuenta de que era un hándicap. El conjunto es curioso, pero llega un punto en que parás y pensás: "Si yo tuviera que escribir mi necrológica, ¿qué pongo?".
-¿Y qué pondría?
A veces, cuando se le hace una pregunta, responde con un silencio falsamente hosco, como si hubiera estado a punto de entender algo del orden de lo divino y acabara de ser interceptado, en ese entendimiento, por el balbuceo torpe de la humanidad.
-Yo sé lo que soy, pero la imagen que doy no es clara. La poesía es una de las cosas que más me expresan. Pero la gente me identifica como el experto en vinos. Yo siempre tengo la sensación de que no cumplí las metas que debía cumplir, por mala administración de mis tiempos o de mi trayectoria.
Y, con un tono bruñido por ocho décadas de buena educación, dice: "Te tendría que invitar con un té, pero eso me llevaría un esfuerzo tremendo".
Las circunstancias del nacimiento son confusas: en la solapa de su primera novela, Quejido huacho (Tusquets, 1999, la historia de un ingeniero que viaja al interior del país y termina enredado en peripecias delirantes), se lee que nació en Puerto Santa Cruz, en 1936, pero en verdad nació en 1926 y, al parecer, en Sastre, Santa Fe, donde tenía familia, aunque se crió en la Patagonia, solo, solísimo porque su padre, Jaime Brascó, era único médico en un radio de 400 kilómetros y porque su madre, Rosa Barreiro, pasaba meses en Buenos Aires acompañando a dos hijos mayores que estudiaban allí.
-Fue una experiencia difícil. Yo era como huérfano.
Baja el mentón, suspira. Después, dice exactamente lo contrario:
-Fue una experiencia buenísima. Yo tenía mar, tenía montaña, tenía nieve, caballos, casa. O sea que la soledad no la vivía como abandono. Y aparte era un pueblo chico. Todos eran tus padres. Leía mucho. Después, mi padre se trasladó a Santa Fe y ahí terminé el secundario. Pero los vi poco a mis padres. Hubo temporadas en que estuve en contacto con mi madre. Ella murió a los 104 años ¿A qué iba esto...?
-Hablaba de su infancia.
-No puedo estar demasiado tiempo ¿Qué tipo de ración querés? Porque como soy polifacético, perverso polimórfico, puedo elegir cualquiera de las polimorfias y.
-Prefiero que hablemos de todo.
-Esa temática rebalsa cualquier reportaje. La otra idea es tomar un aspecto, nada más, y eso en general no se hace. Porque es más fácil contar la vida. Porque la vida mía está llena de anécdotas. Por ejemplo, aprendí a escribir con Onetti. Lo conocí en un café, escribía cuentos y se los mandaba. Me dijo que yo no estaba capacitado para escribir una novela y tenía razón, porque la escribí ya grande y con gran dominio de la técnica narrativa. Te aburro.
-No. ¿Tenía una relación con su padre o no lo veía nunca?
-Hay una relación con mi hija Milagros, que vive en otra casa, que es mayor a la que yo tenía con mi padre viviendo en la misma casa. Ahora sí me pasé de tiempo. Hablémonos el sábado.
En el pasillo que conecta su estudio con el living hay estantes donde guarda botellas de vino, puertas que se abren a un cuarto, a la cocina. "Patrice", llama, pronunciando "Pátris".
Patricia Delmar, poeta y periodista, 35 años más joven que él, su mujer desde 2005, recibe por estos días un tratamiento de quimioterapia y eso ha alterado el ritmo de la casa, pero ella sonríe, radiante: "Ya pasará". Brascó cruza las manos detrás de la espalda y murmura: "Mmm". Después, en el vano de la puerta, como si fuera una acusación, dice: "Vos sos muy alta".
***
Miguel Brascó y Patricia Delmar se conocieron en octubre de 2005. Ella fue a entrevistarlo para la revista Nueva y, cuando él leyó lo que ella había escrito, la invitó a la presentación de un libro. De allí se fueron al bar del hotel Plaza y, de allí, a cenar.
-En todas partes lo saludaban. Era como estar con Michael Bublé -cuenta Patricia Delmar-. Surgió un flechazo inimaginable. Me pareció una persona con humor, de gran inteligencia, gran ternura. Claro que había otras cosas que no eran tan fáciles. Tantos matrimonios... Yo soy el número seis. Imaginate. Si con uno es difícil.
***
Cuando se habla de Brascó se habla de su humor, de sus neologismos, de sus arcaísmos, de que es capaz de escribir con la misma soltura péndex, comme il faut y verija; de sus moñitos, de su gran nariz, de sus ojos intensos y, usualmente, se le piden fórmulas para combatir la resaca o se lo incita a hablar mal de los sommeliers, a quienes llama bobetas cada vez que puede, burlándose de los que encuentran en los vinos aromas a flores blancas, arándanos, grosellas. Pero él -él- preferiría hablar de una novela que está escribiendo, Los leopardos son cosa del atardecer, o de su próximo libro de poemas. Preferiría que alguien, un lector, lo recordara no por sus comentarios sobre el cabernet sino por sus dibujos de trazos finos o sus versos que dicen, por ejemplo: "Ella, mi amor, por cuyos ojos miré".
"Chesrow no murió inmediatamente sino una o tal vez dos horas después. Esa cuota adicional de existencia debemos suponer que de nada le sirvió. Se mantuvo inconsciente hasta que la vida lo dejó de lado para siempre", escribió en su novela Quejido huacho. "'Mencione tres pescados del río', pide uno a señora frente a góndola de supermercado. 'Sapo cancionero, surubí, dorado', contesta la interpelada erudita y sin vacilaciones", escribió en la columna semanal sobre vinos y cuestiones gourmet que publica en LNR desde 2007. Esa diversidad de registros que es, a un tiempo, su habilidad, su némesis.
***
Es martes, apenas pasadas las once de la mañana. El estudio está lleno de luz, aunque por las tardes es un sitio oscuro. A Brascó este departamento no le gusta, pero vivir con Patricia Delmar en el sitio lleno de recuerdos donde él vivió tres décadas no era una opción. De modo que aquí están, rodeados de jardines en los que ella cultiva sus plantas mientras él no se decide a desembalar la biblioteca.
-Yo siempre estuve con mujeres más jóvenes que yo. Ése fue el gran error de mi vida. Las mujeres jóvenes tienen el don, eventual y fugitivo, de tener lindas piernas. Eso rápidamente desaparece. Hace unos años, después de mi última pareja, la madre de Milagros, dije: "Nunca más llevo una relación con alguien joven, porque es antinatural". Entonces a unas amigas se les ocurrió que era candidato para una mujer grande y me empezaron a presentar a sus madres, que eran prejuiciosas y antiguas. Yo necesitaba una mujer joven, con más años. Y eso fue Patricia. Yo estaba en la etapa en que buscaba una viejita. El hecho de que tuviera 50 me pareció muy atractivo.
En una de las paredes del estudio hay un dibujo del rostro de Franz Kafka. Sobre la biblioteca donde están sus diccionarios (habla inglés, lee en francés, italiano, portugués y alemán), hay una foto suya, tomada cuando tenía dos años.
-Bajo el brazo llevo papeles con cosas que dibujaba.¿Querés un mate?
-Bueno.
Cuando él era adolescente, la familia se trasladó a Santa Fe, donde Brascó hizo el colegio secundario, fundó un teatro de títeres, estudió pintura. A los 17, para olvidar un amor, se emborrachó con caña y ésa, dice, fue una de las pocas veces que se emborrachó.
-Ella no me daba bola. Prefería a otros. Si te rechaza, vos decís "Será lesbiana", te tranquilizás. Pero si es selectivo, no.
Siempre cuenta que tuvo tres novias lesbianas y, con un estilo que consiste en decir barbaridades bajo la pátina de una civilizada convicción, explica: "Hay lesbianas pasivas y activas. La lesbiana pasiva es doblemente sumisa, por mujer y por lesbiana. Entonces son amantes deliciosas". En su libro de relatos de 1968, Criaturas triviales, hay un cuento llamado "Hebe por una pipa".
-Yo las historias de mis novias lesbianas las he escrito todas. "Hebe por una pipa" es, de hecho, la historia de un tipo que tiene una novia lesbiana. Ese tipo tiene un amigo que está seducido por ella, pero que no sabe que es lesbiana. Y a su vez al protagonista le gusta la novia de su amigo. Entonces arman un trueque. El protagonista dice: "Bueno, te la cambio, pero mi novia es una mujer muy llamativa y tu novia es medio pava, así que yo te cambio a mi novia por la tuya, más una pipa que vos tenés, de cerezo". Eso me pasó tal cual a mí. Entonces el tipo me dio la pipa, hicimos el trueque y él se fue con mi novia lesbiana, y yo me quedé con la suya. Hasta que él descubrió que la que había sido mi novia era lesbiana. Eso le pareció terrible y me vino a reclamar.
-¿Qué le reclamó?
-La pipa.
***
A los 17 años quiso estudiar letras, pero su padre le dijo: "Vas a ser toda tu vida un empleado del Estado".
-Él no pensaba que yo podía ser Borges. O sea, tenía razón. Entonces negocié y estudié abogacía y, paralelamente, letras. Me recibí en 1952 y me fui a Buenos Aires, huyendo de Santa Fe.
-Usted se había casado.
-Sí. Estaba divorciado.
-¿A qué edad se había casado?
-Veinte años.
-Con una mujer más grande.
-Sí. Ocho años. Entonces, volviendo al tema, en Buenos Aires conseguí trabajo en un estudio donde estaba César Fernández Moreno, el hijo de Baldomero.
Miguel Brascó se había casado, en Santa Fe, con una mujer llamada Blanca Goetzinger, actriz. Cuando se fue a Buenos Aires dejó con ella al hijo de ambos, un chico llamado Nicolás al que no volvería a ver en treinta años.
-Te doy otro mate.
-No, gracias.
-No te gusta el mate. Yo me habría tomado por lo menos dos.
***
-Creo que él no estaba acostumbrado a tener debates -dice Patricia Delmar-. Estaba acostumbrado a que le aplaudieran sus aseveraciones. Yo defiendo muchas cuestiones sociales, pero él tiene una forma un poco más individual. Y me parece que ya no tiene curiosidad por conocer otras culturas. Conoce determinados países de una manera y ya no quiere conocer nada más. Y es un obsesivo del trabajo. No hay vacaciones, no hay tiempo libre. Yo pensaba que tenía un perfil más osado. Pero es muy tradicional. En temas gastronómicos, por ejemplo, hay cosas que deben ser así. Tal cosa debe tener 20 minutos de cocción y no pueden ser 25. Y yo que cocino a ojito, pobre...
***
En 1955, Brascó pidió una licencia en el estudio de abogacía donde trabajaba y se fue a Bolivia, acompañando al músico Ariel Ramírez a quien había conocido en Santa Fe y que era su amigo. De Bolivia se fue a Lima donde, vendiendo dibujos, trabajando para el diario El Comercio, se quedó un año.
-En 1956 me fui a Madrid a estudiar el posgrado de derecho en la Complutense. Me vinculé con el decano de Letras, que era Vicente Aleixandre, el poeta, y me permitió hacer también el posgrado en Letras.
De España viajó a Holanda, donde vivió hasta 1961 trabajando como traductor de inglés para la empresa Phillips, en un pueblo llamado Eindhoven.
-Antes pasé unos meses trabajando como obrero en una fábrica de etiquetas de cigarros. Quería tener la experiencia. Yo manejaba una máquina, una plancha que imprimía por presión. Vos ponías la página y después decías "Pasóp", que quiere decir "Attenti", y bajabas la máquina. Decías "Pasóp" porque había un tipo que, cuando vos levantabas, ponía el papel con la mano, entonces tenías que tratar de no aplastarlo. Pasóp, chin, pasóp, chin. Por ocho horas. No es tan inhumano. Una vez que uno entra en ritmo, se siente parte de algo que funciona.
-¿Vivía solo?
-No, con la poetisa peruana Lola Thorne, que por entonces trabajaba en la embajada de Perú. Con ella tuve una hija. Esa hija murió en un accidente de automóvil. Murió de una manera muy rara.
Se levanta y camina hasta un mueble donde hay varios portarretratos. Regresa con la foto de una chica sonriente, con el pelo oscuro, rulos.
-Tenía 31 años, más o menos. Venía caminando por Figueroa Alcorta. Un auto subió a la vereda y la mató. Se llamaba Irene. Yo tengo un libro de poemas, Otros poemas e Irene, pero no tiene nada que ver con eso.
Otros poemas e Irene fue su primer libro y salió publicado en 1953. Allí, en "Retrato de damas y denuncia", escribía poemas que no tenían nada que ver con eso: "Todo ocurrió en la medida en que ella y yo lo habíamos imaginado previamente./ Ocurrió en trenes, hoteles de poca categoría, en habitaciones del suburbio,/ en litorales arenosos, en salas correctas con alfombras, en momentos de euforia [...]".
A principios de los años 60 decidió regresar a la Argentina y se empleó en el mismo estudio de abogacía que había dejado cinco años antes.
-Mi mujer fue trasladada a Perú, después a Río de Janeiro. Ese matrimonio se fue debilitando. Mi hija Irene vivió conmigo. Habíamos puesto casa con Ariel Ramírez, en Colegiales. Era una casa open, llena de músicos y escritores. Irene tenía una colección de madres ahí. Ariel Ramírez estaba componiendo la Misa criolla y me pidió que le escribiera villancicos para la cara B del disco. Pero no se me ocurría nada. Él me decía: "Pero es una pavada, los villancicos son muy elementales". Y yo, nada. Entonces se los dio a Félix Luna, que rápidamente hizo las letras y ganó muchísimo dinero y yo perdí una fortuna.
Por esos años empezó a publicar en una revista llamada Usted. Esos textos llamaron la atención de los editores de Claudia, una revista para mujeres que era, por entonces, una de las más vendidas. Al poco tiempo escribía allí una sección llamada "La vida bella".
-Ahí empezó lo de los vinos y la comida. Simplemente sucedió. Yo di con una especialidad periodística que, para desarrollarla bien, hay que haber ejercido el oficio de la poesía. Cuando uno ha aprendido a buscar la palabra justa para describir la diferencia que hay entre la tristeza que siente porque está lejos de su patria o porque una mujer lo ha dejado o porque ha descubierto que la existencia carece de sentido, puede escribir de vinos. Y yo escribo sobre vinos con la misma técnica con que escribo una crónica de viaje.
En 1961 publicó su segundo libro de poemas, Tribulaciones del amor. Tres años después el tercero, La máquina del mundo. Escribía en Claudia, hacía una sección de humor en el suplemento "Gregorio", de la revista Leoplán, y mantuvo esa promiscuidad entre el periodismo, los poemas y la abogacía hasta 1964, cuando supo que estaban buscando un redactor para el departamento de publicaciones de Ducilo, una empresa norteamericana que hacía fibras. Llamó al jefe del departamento, Carlos Duelo, ex director de Leoplán, y le anunció: "Tengo al mejor". Duelo le preguntó quién era y Brascó le respondió: "Yo".
-Pero no fue fácil, porque los norteamericanos te investigan el prontuario.
Y cuando investigaron el prontuario, los americanos descubrieron que Brascó había militado, en la universidad, en un partido de centroizquierda. Eso fue un obstáculo hasta que recordó un artículo que sobre él había escrito Raúl González Tuñón, poeta comunista que había tenido acceso a una carta en la que Brascó criticaba las revoluciones -todas: de la francesa en adelante- diciendo que eran inútiles. En su artículo, Tuñón describía a Brascó como un reaccionario.
-Entonces lo llamé. Él estaba avergonzado, porque habíamos sido más o menos amigos, y yo le dije "Pero Raúl, por Dios, qué importancia puede tener, si yo además soy efectivamente muy reaccionario. Lo que necesitaría es un ejemplar de la revista". Me lo consiguió, se lo mandé a Duelo, Duelo se lo dio a su superior y así entré a trabajar en Ducilo. Al día siguiente lo llamé a Raúl y le dije: "Te llamo para agradecerte tantísimo, no sólo el ejemplar, sino que hayas escrito eso, porque entré en una empresa norteamericana y me pagan fantástico".
-¿Y él que le dijo?
-"Te felicito".
Así devino editor del house organ de Ducilo y, en una performance que repetiría en la década del 80 editando la revista de la tarjeta Diners, convirtió esa publicación burocrática, que a nadie le interesaba leer, en algo que se esperaba con ansiedad.
-La leían porque era entretenida. Lo hice muy bien.
Cuatro años después, cuando logró que sus colaboraciones en medios como Claudia, Tía Vicenta y Primera Plana aumentaran en cantidad y buena paga, renunció.
-Cuando logré que mi trabajo periodístico fuera muy fuerte, renuncié. Yo siempre he trabajado mucho. El ocio no es lo mío.
Brascó hace un gesto discreto y mira el reloj.
-¿Quiere que sigamos otro día?
-Sí. Perdón. Tengo que ejercer mis funciones de enfermero. Es duro.
***
-Tiene tantos talentos -comenta Manuel Mas, propietario de la bodega Finca La Anita y uno de sus mejores amigos-. Creo que él querría que lo reconocieran más como escritor, pero trabaja tanto que no tiene tiempo. El otro día fuimos a un restaurante chino y le dije: "Miguel, lo vas a volver loco al chino". Le traía un vino y Miguel protestaba: "No, ésta no es la cosecha que yo quiero". Traía otro y tampoco. Entonces propone: "Vamos a tomar champagne".
Y llega el chino con un balde con dos copas. Miguel le dice: "Esta copa no". Y el chino: "¿Ésta no copa champagne?". Miguel le explica: "No me entra la nariz". Y el chino pregunta: "¿Tomar nariz?". Hasta que el chino entendió que quería una copa ancha. En un momento le dije: "Pará, Miguel, porque lo vas a volver loco". Pero él pone piñón fijo y le da, sin fijarse a quién. Si le dan un box, quiere una mesa con sillas, y si le dan una mesa con sillas, quiere un box. Mañerea.
***
Es jueves, casi noche. En el estudio de Brascó suena el teléfono. Atiende y, cuando cuelga, dice:
-Este hombre tiene esa disponibilidad que tiene la gente rica, que es tan linda. Le porponés: "Me estoy yendo a Río Cuarto. ¿No querés venir?". "Sí", te contesta, y va con vos.
-¿Tiene muchos amigos?
-No. Uno de los más antiguos es Landrú. Lo conocí en Tía Vicenta. En los años 60, Citizen había organizado un concurso en la revista Claudia cuyo premio era un viaje con Brascó y Landrú a Zimbabwe. Fuimos. Pasamos por Sudáfrica y viajamos hasta Durban en auto. En una encrucijada de caminos, Landrú me pide: "Doblá acá". Así que yo doblé. Llegamos a un pueblo que se llama Umptata. Con gran influencia de arquitectura africana.
-¿Y cómo es eso?
-Chozas cónicas. Había una especie de drugstore. Entonces Landrú repite: "Pará acá". Y yo paré. Él quería comprar grabaciones de música africana genuina y suponía que las iba a encontrar en esos lugares. Entramos al drugstore y lo primero que vemos es a un médico brujo, con cuernos y una piel como de leopardo. Yo me quedé paralizado de admiración. Landrú, en cambio, se enganchó con una señora gorda que efectivamente vendía discos de pasta. La teoría de Landrú es que es inútil hablar otro idioma que el propio. Él no habla más que castellano. Y afirma: "Uno tiene que hablar el castellano con convicción, articulando bien, mirando al otro a los ojos, y el otro te entiende". Entonces en un momento me di vuelta y él estaba con la negra, probando discos, y le decía: "Poné-la-banda-cuatro". Y la otra ponía la banda cuatro. Te juro. En un momento noté que había una cosa amenazante. Y le digo: "Tenemos que irnos". Salimos y estábamos rodeados de chicos, entre 12 y 17 años, que son los más peligrosos, y nos decían una sola palabra en un idioma que ni siquiera Landrú podía entender. Rápidamente nos metimos en el coche y nos fuimos, seguidos por los chicos que nos gritaban cosas. Según Landrú, nos pedían plata.
En 1974, cuando fundó la revista para hombres Status, ya era un crítico reconocido, capaz de escribir que un vino era caro al cuete o de argumentar, sin metáforas pretenciosas, por qué tal otro resultaba excepcional. En los años 80, fundó Cuisine & Vins, una publicación de cultura gastronómica que hizo junto a quien era su mujer, la periodista Lucila Goto.
-Pero Lucila se enfermó y murió a los 40 años, en 1992. Fue muy duro para mí, habíamos estado catorce años juntos.
Por esos días lo entrevistaron en Clarín y Brascó confesó que sentía que sólo iba a vivir tres años más.
-Era verdad. Sentía eso.
Entonces, en Santa Fe, un hombre llamado Nicolás leyó ese artículo y le escribió una carta donde le contaba que él era su hijo y que, ya que iba a morirse, quería conocerlo.
-Yo no había tenido ningún contacto con él. Desde el día que me fui de Santa Fe no la vi más a mi mujer. Ella se murió y yo no la volví a ver.
-Pero su hijo sabía que usted era su padre.
-Él sabía todo. Pero yo no era una criatura bien aceptada por mi ex mujer.
Se inclina hacia adelante, une las manos entre las rodillas.
-Yo procedí como un chancho. Me fui. Era un capítulo negro en mi vida. Lo abandoné totalmente. Ahora tenemos buena relación. Él tiene 60 años, una empresa que produce cosas vinculadas con la gastronomía. Es un gran tipo.
Después de la muerte de Lucila Goto, un enredo económico hizo que tuviera que deshacerse de Cuisine Vins, pero siguió escribiendo en varios medios, organizando ferias de productos gourmet y, a fines de los años 90, formó pareja con la chef Luisa González, con la que tuvo a su hija Milagros.
Son más de las ocho de la noche cuando suena el bramido ronco del portero eléctrico. Brascó se levanta, pregunta quién es. Cuelga sin responder.
-Una de las infinitas amigas de Patricia. Yo tengo pocos amigos, pero Patricia tiene infinidad. ¿Qué decíamos? Tengo la sensación de que hemos hablado mucho.
***
-Creo que él tiene la fuerza de un rinoceronte -dice Emilio Garip, amigo de Brascó y dueño del restaurante Oviedo-. Por otra parte, piensa que va a ser eterno, y eso es genial. Habla como si tuviera 40. Pero creo que tiene una disconformidad consigo mismo, porque hace demasiadas cosas. Él me comentó una vez: "Yo tendría que haber sido sólo pintor, sólo escritor".
***
"Van doce poemas. En principio nos reuniremos el martes y el miércoles de 19 a 21 horas. Confirmar, por favor, cada vez por la mañana. Afectos de Brascó". Eso decía el mail pero la entrevista, finalmente, se hace un domingo a las siete de la tarde. A las siete menos dos minutos el timbre suena en el departamento de Brascó, pero nadie atiende. A las siete menos un minuto el timbre vuelve a sonar y, otra vez, nadie atiende. Finalmente, a las siete y diecinueve segundos, el timbre vuelve a sonar y, entonces sí, la voz de Brascó pregunta:
-¿Quién es?
Arriba, en el primer piso, abre la puerta de su departamento.
-Con ese tapado deberías usar una bufanda -dice-. Te queda muy bien. Pasá.
Cuando se le pregunta cuál es el rasgo que predomina en su carácter, Brascó responde: "El orden".
***
-Yo me quedé deslumbrada -recuerda Patricia Delmar- cuando vi el placar con los suéters y las camisas en fundas de nylon. Cuando viaja, para preparar el equipaje, lo dibuja: un cinturón, dos calcetines, zapatos. Pero después hay otras cosas. Cuando salís a comer, los sommeliers le temen. Viene una sommelier y él le pregunta dónde estudió y la chica contesta: "En tal lugar", y Miguel dice: "Ah, con razón". Hemos tenido situaciones en que de golpe nos dejan de atender. Todo por esa exigencia. Y siento también que a pesar del perfil renacentista que tiene, de golpe le hubiera gustado explotar más lo literario. Como que no le dedicó la intensidad de ocho décadas, y que le hubiera gustado.
***
El departamento está embebido en el aroma de un arroz a la peruana con el que Brascó estuvo fantaseando durante días y que preparó hoy, aprovechando un oasis en el tratamiento de su mujer. Su estudio se aprieta en torno a la luz ambarina de una lámpara. En la computadora hay un documento abierto en el que escribe su próxima columna para LNR, poco más de una página que le toma dos días. Patricia Delmar está arrebujada, mirando una película en la sala.
-No miramos mucho cine juntos porque yo creo que el cine es entretenimiento. Si no hay una explosión anaranjada o una historia de la CIA, difícilmente aguante una película. Con Bergman he hecho intentos desde chico, pero nunca entendí nada. Aún hoy.
Sobre una mesa hay una botella de vino sin etiqueta, un plato con papas fritas.
-Es una de las botellas que me mandan las bodegas, para que las evalúe. Vamos a probar.
Sirve, se sirve. Dice que hay que hacer un buche antes de tragar y lo hace con elegancia, de modo que no parece un enjuague bucal.
-No tiene mucho aroma, pero tiene una vuelta, que se llama retrogusto, particularmente interesante. ¿Qué me habías preguntado?
-¿Hay alguna persona imprescindible para usted?
-La persona con la cual has elegido vivir siempre es imprescindible.
Hace un silencio. Cada vez que se queda callado se produce, a su alrededor, una suerte de agobio.
-La palabra "imprescindible" hace difícil contestar, porque la experiencia te indica que no existe la imprescindibilidad. Existen largos períodos en los cuales uno tiene una sensación de extrañeza por el hecho de que esa persona no esté.
Después pregunta:
-¿Querés más vino?
-No, gracias.
-No te gustó. Le voy a decir a la bodega que no te gustó..
jueves, 1 de diciembre de 2011
JORGE FRASCA
Hoy quisiera que disfruten de algunas pinturas de quien ha sabido llamar poderosamente mi atención de empedernido viajante de nuestro país.
El artista no es otro que Jorge Frasca, quien ha sabido plasmar, inequívocamente, rincones representativos de la tierra argentina.
Es muy recomendable, y será una buena inversión de tiempo, visitar su sitio web.
Jorge Frasca
Argentino, maestro del paisaje, pintor del aire y de la luz.
Autodidacta, dueño de un estilo marcadamente individual, aplicado alumno de sí mismo y referente absoluto en su país de una corriente pictórica.
Su obra es extraída directamente del paisaje y sus silenciosos ocupantes, las construcciones del hombre que cortan el horizonte. Atento observador del escenario natural de su tierra, la refleja en gran parte de sus trabajos.
Como viajero frecuente de este ancho mundo ha realizado series de pinturas sobre el norte de Africa, Marruecos, Mali, etc. y sobre los pueblos blancos del sur de España y el norte de Italia.
La obra de este artista forma parte de colecciones privadas y públicas de Argentina, Japón, Alemania, Suiza, España, Italia, Gran Bretaña, Kuwait, Arabia Saudita, Australia, Estados Unidos, etc.
Desde 1980 realiza muestras individuales y colectivas en Argentina y en otros países y no autoriza que su obra participe en ningún premio y/o concurso.
Jorge Frasca nace en Buenos Aires en 1945 y desarrolla la mayor parte de su tarea en su país.
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